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Ser Precario es Lindo!

Foto del escritor: SUCIA RATA
SUCIA RATA
16 nov 2023
3 min de lectura


Esta consigna de los Movimientos Autonomistas en Italia durante los años setenta marcó un hito especial en los jóvenes trabajadores de esa época. Franco Berardi, conocido como "Bifo", relata que este movimiento rechazaba el trabajo asalariado disciplinario de la era industrial. Este movimiento postindustrial creía que el avance de la ciencia, la informática y la tecnología permitiría liberar el tiempo de la extenuante jornada laboral, posibilitando que las personas pudieran dedicarse al desarrollo integral del ser.


En algunos círculos académicos y laborales, esta postura generó recelo, ya que el movimiento obrero, principalmente de origen comunista, mantenía firme la ética del trabajo heredada del desarrollo industrial de los países avanzados. Esto provocó discusiones severas con el movimiento postobrero que se erigía bajo unos fundamentos esenciales: "La propuesta consistía en construir un movimiento de ingenieros descalzos, en conectar tecnología, ciencia y zonas temporalmente liberadas" (Berardi, 2007). Esto hizo que el grado de madurez de las reivindicaciones por la precariedad de los autonomistas no tuviera un efecto contundente al interior del movimiento obrero, quienes rechazaban con contundencia estas premisas. Sin embargo, sí tuvo un impacto en el desarrollo del modelo neoliberal posterior.




Las bifurcaciones sociales, políticas y económicas de la época ante la crisis del industrialismo permitieron que la precariedad como mecanismo de acumulación de capital fuera exitosa en la era postindustrial. Poco a poco, la privatización de las empresas, la globalización y los procesos de automatización de los puestos de trabajo llevaron a que grandes sectores de obreros fueran desplazados de sus lugares. El tránsito de una sociedad disciplinaria hacia una sociedad de rendimiento era inminente, transformando sustancialmente las relaciones de producción existentes, como describe Byung-Chul Han en "La Sociedad del Rendimiento" (2012).


Este proceso de precarización impuesto por el modelo neoliberal es lo que permite que hoy experimentemos las extenuantes jornadas laborales, la ansiedad y la depresión laboral bajo la promesa de ser amos y esclavos de nuestro propio invento, también llamado emprendimiento. La desregulación laboral en compañía de la noción del "ahora" como realización de la existencia, nos condena a lo que Mark Fisher describe como la lenta cancelación del futuro en su texto "Los Fantasmas de mi Vida" (2022). Esta lenta cancelación del futuro nos retrae al viejo refrán de que todo pasado fue mejor, augurando con nostalgia que los años dorados pasados no volverán jamás. Así, construir una promesa de futuro se vuelve casi imposible, obligándonos a recrear el pasado en la actualidad. Una vez más, la política se nos presenta como espectro, fantasmal y nostálgica.


Anclados en el presente sin perspectiva de futuro, deprimidos por las exigencias de la precariedad laboral y la incertidumbre del mañana por el trabajo temporal, parece que regresar a una era disciplinaria industrial fuera la única salida. Este punto me parece crucial, ya que no sabemos cómo superar la actual precarización laboral en el marco del modelo neoliberal. Esto a su vez nos obliga a mirar al pasado como promesa de vida futura.





Sin embargo, como plantean Alex Williams y Nick Srnicek en "Manifiesto Aceleracionista" (2013), no debemos desear simplemente volver al modelo fordista de la edad de oro del capitalismo industrial, por considerarlo disciplinario, aburrido y anquilosado en la represión social. Argumentan que la base material del neoliberalismo no debe ser destruida sino reformulada para el alcance de objetivos comunes, y que el capitalismo debe ser la plataforma de lanzamiento de un sistema postcapitalista. ¡Qué gran desafío nos presentan los tiempos actuales!


Si no podemos ni debemos regresar a la edad de oro del industrialismo, pero seguimos inmersos en una era de precarización laboral, ¿qué posibilidades tenemos para superar el momento presente? Quizás la clave esté en reconstruir la utopía que nos permita soñar con otra posibilidad de encontrar belleza en la precariedad, como planteó el movimiento postindustrial italiano de 1977. Necesitamos del tiempo necesario para el desarrollo de las necesidades humanas, virtudes y promesa de existencia. El actual modelo de precarización laboral no nos permite ni siquiera descansar. La ansiedad y la depresión que genera la desregularización laboral no nos deja soñar con un mañana mejor.


Debemos abrir espacios de encuentro para expresarnos sobre los efectos nocivos de la precarización laboral e idear colectivamente formas de superar este desgarrador momento. Un momento que nos obliga a aceptar trabajos insatisfactorios en condiciones laborales deplorables, limitando nuestra capacidad de pensar en un futuro mejor. Juntos podemos imaginar alternativas que prioricen el bienestar humano por sobre las demandas desmedidas de productividad.

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