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Fantasmagoría Electoral en tiempos Espectropolíticos: Una Reflexión sobre las pasadas elecciones.

  • Foto del escritor: SUCIA RATA
    SUCIA RATA
  • 2 nov 2023
  • 3 min de lectura

Actualizado: 3 nov 2023


Hace mucho tiempo que no escribo sobre temas políticos. En realidad, siento que cada vez es más difícil encontrar espacios para discutir con sinceridad. La ausencia de círculos de debate donde no impere la cancelación cultural me ha llevado a marginarme de escenarios dominados por comités de aplausos. En medio de esta situación, la política se me aparece como un fantasma, siempre presente, vigilante, acechando cada paso que doy. Por eso, decidí invocar a este espectro después de las recientes elecciones en Colombia.


Desde pequeño he sido crítico de la política electoral y representativa. Recuerdo que de niño mi madre me invitó a participar en el Polo Democrático Independiente, antes de que se fusionara con otras fuerzas de izquierda en el difunto Polo Democrático Alternativo. Me negué a ser parte de este ejercicio, pues preferí apostar por construir la paz incentivando la participación política, en lugar de entrar en la guerra por ocupar cargos a través de elecciones.


Tiempo después, en medio de los diálogos de paz entre las FARC y el gobierno, apoyé algunas candidaturas creyendo que se podrían lograr cambios. Afortunadamente ganaron, pero la decepción y la hipocresía no tardaron en manifestarse. Entendí entonces que la política electoral forma parte de la economía de mercado, una transacción donde se busca que todo cambie para que nada cambie, como en El Gatopardo. Siguiendo a Byung-Chul Han, reconocí que el votante-consumidor no tiene un verdadero interés en la política o la comunidad, solo se queja como con cualquier otro producto de consumo. Al terminarse el producto y tras sus quejas, consigue el mismo con otra marca, como ocurre en la política salvo excepciones.


Considerando estas situaciones, no me sorprenden los resultados electorales en el país. A diferencia de personas cercanas, no siento tristeza o frustración, tampoco culpo a la gente por sus decisiones. Es entendible que en una sociedad donde impera la desregularización laboral, muchos votantes busquen asegurar su sustento. En este sentido, La función pública se ha convertido en algunas regiones en la principal fuente de empleo, transformando las instituciones en empresas.


Por otro lado, hay quienes afirman que el pueblo es bruto e ignorante y no sabe lo que hace. Eso es falso, la gente sabe lo que hace y por qué lo hace. No se puede caer en la demofobia (odio al pueblo) al ver que la gente no simpatiza con ciertas campañas, además de que éstas avivan nostalgias del pasado al que no volveremos, imposibilitando crear alguna posibilidad de futuro. Lo irónico es que quienes dicen defender minorías olvidan el clamor de las mayorías, paradojas de la política representativa.


En este juego electoral habría que repensar ese caballito de batalla de toda campaña: la democracia. Franco "Bifo" Berardi invita a terminar con la retórica democrática, que se manipula para distintos intereses, como en la guerra en Medio Oriente donde Israel deshumaniza a Palestina en nombre de la democracia, Dios y la libertad. Mientras la democracia esté en crisis, debemos sospechar de cualquier discurso en su nombre. En este sentido, urge la participación ciudadana para crear marcos de entendimiento colectivo, un desafío para quienes se sienten perdedores en estas elecciones.


La democracia hoy es un espectro, una nostalgia, un fantasma, una promesa del pasado. ¿Estamos en disposición de pensar en sociedades que la superen a ella y a la representatividad? Aún no lo sé, pero el fin de la historia que auguró Fukuyama no se cumplió. En estos tiempos apocalípticos se abren grietas geopolíticas que requieren atención urgente.

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